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Historia de la Enfermedad Celiaca

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FUENTE: lne.es "La Nueva España" Edición Digital (LUIS RODRIGO SÁEZ)

La enfermedad celiaca (EC) se define como un proceso inflamatorio permanente del intestino delgado, desencadenado por la ingesta de cereales que contienen gluten, y afecta a individuos genéticamente predispuestos.
{mosimage}Su conocimiento no es reciente (como mucha gente piensa a simple vista, cuando se la menciona), ya que la primera descripción de la enfermedad fue llevada a cabo por el médico Aretaeus de Capadocia en el siglo II antes de Jesucristo (a. C.), que era contemporáneo del conocido médico romano Galeno y utilizó la palabra griega koiliakoV para designarla, que significa «el que padece del intestino». No fue hasta el año 1888 (21 siglos después) cuando el médico inglés Samuel Gee dio por primera vez la descripción clínica clásica de la enfermedad, tal como se la conoce en la actualidad.
No se produjeron grandes progresos en el tratamiento de los pacientes afectados hasta el período comprendido entre 1930-50, en el que un pediatra holandés, el doctor W. K. Dicke, observó que en pleno período de la posguerra de la II Guerra Mundial, cuando a los niños hospitalizados con un cuadro clínico de diarrea crónica y desnutrición en la dieta diaria se les retiraban los alimentos que en su composición llevaban cereales de trigo, centeno, cebada y avena, mejoraban de forma rápida y continuada, mientras que, si se les volvían a reintroducir, empeoraban de nuevo claramente, estableciendo de forma evidente la relación causa-efecto existente entre ingesta de alimentos con gluten y aparición o desencadenamiento de los síntomas de la enfermedad.
A raíz de esta importante observación clínica, quedó claramente establecido que el único tratamiento eficaz disponible hasta la actualidad es el seguimiento de una dieta sin gluten (DSG), de forma estricta y mantenida de por vida.

Noticia completa

La distribución geográfica a nivel mundial de la EC parece haber seguido una relación directa con el incremento en el consumo de cereales (fundamentalmente, el trigo) y con los flujos migratorios de la población.
En los comienzos de la Humanidad, ciertamente no se consumían cereales en la dieta, ya que la vida nómada de los primeros pobladores obligaba a que su alimentación fuera a base de la caza y la pesca, así como de algunos vegetales y frutas salvajes. Se calcula que hace solamente unos 10.000 años una pequeña región del Asia Menor conocida como el «fértil creciente», comprendida entre Palestina y Mesopotamia, fue el lugar del mundo donde se cultivaron por primera vez granos de cereales, ya que se trataba de un terreno fértil, regado generosamente por las aguas de los ríos Tigris y Éufrates. Fue en dicha región donde las tribus nómadas que lo eran hasta entonces se convirtieron en poblaciones estables, cultivaron sus tierras, almacenaron los alimentos por vez primera y, más adelante, emigraron hacia el Oeste, cultivando nuevas tierras y propagando su estilo de vida y alimentación.
Siguiendo el curso del Mediterráneo se fueron propagando por diferentes países del norte de África y sur de Europa, así como por el valle del Danubio (Europa Central), y su expansión continuó durante 5 milenios, comprendidos desde el año 9.000 hasta el 4.000 antes de Jesucristo, y por entonces el cultivo de cereales se había extendido por todo el Viejo Continente, alcanzando incluso el norte de Europa (Irlanda, Dinamarca y los países escandinavos). Por aquel entonces, la difusión de la agricultura aumentó aún más, debido a las invasiones sucesivas ocurridas y a que poblaciones del Sudeste Asiático y del norte de África reemplazaron en su continuo avance a los habitantes locales.

Posteriormente, con el descubrimiento de América, los españoles llevamos nuestra cultura y alimentación a todos los países del Nuevo Continente.
Estos antecedentes históricos explican en gran parte que la EC tenga una distribución universal, porque la llamada «cultura del trigo» fue transmitida a todo lo ancho y largo del mundo, ya que constituye una forma de alimentación sencilla, barata y agradable, como lo demuestran los numerosos documentos y vestigios que así lo atestiguan.
Aunque algunos factores y costumbres ambientales pueden tener un cierto papel protector, tales como la lactancia materna prolongada o la introducción de papillas exentas de gluten, lo cierto es que lo único que hacen es retrasar el comienzo de la enfermedad, pero de ninguna manera son capaces de prevenir su aparición en la juventud o edad adulta.

Está claro, por tanto, en la actualidad, que la enfermedad celiaca debe ser considerada como un problema de salud pública a nivel mundial, pues afecta a todos los grupos étnicos, está presente en todos los países y que aumenta en relación directa con el consumo de cereales. Su frecuencia media es de alrededor del 1 por ciento de la población general y de ninguna manera debe seguir siendo considerada como una enfermedad «poco conocida» o de «reciente adquisición».

El doctor Luis Rodrigo Sáez es profesor titular de Medicina. Jefe de servicio de digestivo. Hospital Universitario Central de Asturias.

Última actualización el Miércoles, 13 de Septiembre de 2006 09:03  

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