Hace unos 100 años que se sabe que las bacterias, además de producir enfermedades, pueden tener efectos beneficiosos. En la década de los 50 se acuñó el término probiótico para designar a los microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden ayudar a mantener un buen estado de salud. Los más conocidos son los lactobacilos y las bifidobacterias, popularizados a través de las campañas publicitarias desarrolladas por productores de yogures y leches que los contienen. Pero la población microbiana del intestino humano –la flora intestinal– incluye millones de bacterias de cientos de especies distintas. Los investigadores tienen ante sí todo un ecosistema por escudriñar.